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Eres la suma de todos tus datos

(Esta columna fue publicada originalmente en ColombiaDigital.net)

La geolocalización, el uso de Uber, el historial del buscador, todos los ‘me gusta’ y clics… En el Instituto de Internet de la Universidad de Oxford aprendí que la red es el paraíso del sociólogo por la misma razón que lo es para el publicista: los extensos datos de todo tipo de gente que se encuentran disponibles, gratis y a profundidad.

La economía de la información (de la cual el Internet es gran parte) utiliza nuestros datos personales como moneda: es el precio por utilizar los sitios web que nos prestan sus servicios gratuitamente”‘. Amazon ya conoce nuestros gustos y el algoritmo de Google los aprende con cada búsqueda que hacemos. Facebook vende nuestra edad y género al mayor comprador. ¿Esa chaqueta que buscaste alguna vez pero no compraste y ahora te persigue por cada sitio al que entras? Sí, intercambiaste tu información por ese servicio. Es parte del acuerdo.

Es tan difícil mantenerse por fuera de este esquema al navegar por Internet que una profesora de Stanford intentó esconder su embarazo de las compañías de mercadeo al no generar ningún tipo de récord electrónico durante nueve meses. Utilizó varios servicios de anonimato y tal fue su comportamiento que terminó en una lista negra por su ‘actividad clandestina’.

“¿Qué pasa cuando los algoritmos comienzan a predecir nuestras acciones futuras?”

Ethan Zuckerman, tecnólogo, fundador del blog Global Voices y profesor de MIT, se culpa a él mismo y a los demás pioneros de la red por este problema arquitectónico del Internet. Al enfocarse en liberar al individuo de los ‘gigantes’ corporativos y gubernamentales, estos académicos rebeldes crearon el Internet con un diseño tan descentralizado que ha resultado casi imposible de regular. ¿El problema? Gracias a esto mismo la prevalente forma de monetizarlo, o una de las únicas, es por medio de la publicidad o vendiendo la información de los usuarios. Eso termina costándole más al individuo y enriqueciendo a las empresas: todo lo contrario al propósito con el que fue concebido.


¿Por qué nos debería importar?

Los académicos y líderes de grandes empresas siguen hablando del abstracto ‘Big Data’ y del efecto que va a tener sobre todas las industrias. Pero lo que implica, es decir el proceso de recolección y las repercusiones de su uso, son difíciles de concretar.

Por el lado bueno, la habilidad de recolectar datos tan precisos crea una experiencia comercial mucho más personalizada para cada uno. Netflix ya sabe cuáles películas me gustan y con eso me dará sugerencias. En un futuro no muy lejano, el Internet de las Cosas permitirá este tipo de personalización en todo: desde almacenes que solo ofrezcan ropa afín con la talla y gusto de cada cliente, hasta la adaptación del termostato de la casa a la temperatura corporal de quien entre.

La preocupación entonces es ¿qué pasa cuando los algoritmos comienzan a predecir nuestras acciones futuras?

La primera realidad para tener en cuenta es que, aunque los algoritmos han progresado bastante, todavía sufren de una inhabilidad para llegar a conclusiones lógicas y contextualizar comportamientos o descifrar sutilezas del lenguaje. Por ejemplo, para mi tesis de maestría busqué y entrevisté a muchos blogueros del oriente medio. Durante los siguientes meses Facebook decidió que estaba interesada en sitios de matrimonios musulmanes y hijabs. Como esta hay muchas historias.

Ya existen varios centros de investigación estudiando los problemas éticos con el uso de los datos personales tales como el Data & Society Institute en Nueva York. Si ya se minan bases de datos para crear perfiles o generalizaciones, ¿qué otro tipo de deducciones están ocurriendo, y en qué industrias? Uno de los ejemplos controversiales en los Estados Unidos es la utilización de datos demográficos (como qué tipo de gente vive en un barrio) para elegir qué crédito bancario ofrecerle al cliente.

¿Qué hacer como emprendedores o consumidores de tecnología?

Por ende, nuestro valor en línea son nuestros datos pero seguimos regalándolos. El futurista y filósofo Jaron Lanier, en su libro “¿Quién es dueño de nuestro futuro?”, propone que si las máquinas aprenden, se pueden ir automatizando. Como vamos, muy poca gente, más que todo en Sillicon Valley, se está enriqueciendo, mientras el resto de nosotros perdemos nuestros trabajos. Ahora, no sé si estoy en total acuerdo con él y su teoría alarmista, pero sí sé el valor comercial que tienen nuestros datos. El perfecto ejemplo es el traductor de Google que se alimenta del contenido de los usuarios, del cual se prevé que eventualmente podrá reemplazar a los traductores humanos de la forma en la que ya estamos reemplazando a las disqueras, productores de música y las casas editoriales.

En este contexto es importante crear una cultura digital ‘humanística’, o centrada en los humanos. No es solo pensar en innovación, sino en innovación que nos beneficie a largo plazo. El emprendimiento nacional es necesario para eso, al igual que legislar para proteger a los consumidores, pero más que todo es tener conciencia sobre qué servicios utilizamos, qué configuraciones de privacidad y concientizarnos sobre el valor de nuestra información personal.

Tenemos que tener en cuenta las consecuencias del uso tecnológico y ser participantes activos de las decisiones que se toman a niveles de las compañías que utilizamos. ¿Tiene sentido que desde Estados Unidos se decida qué hacer con nuestros datos?, ¿deberíamos estar pidiendo más de nuestros legisladores en cuanto al ingreso de compañías extranjeras?

A nivel personal hay varias medidas que se pueden tomar, pero son reaccionarias, incómodas y un poco alarmistas, como las de la profesora de Stanford. Existen varias organizaciones como accessnow.org o el Electronic Frontier Foundation, y aquí en Colombia RedPaTodos, que han recopilado información sobre el tema.

 

 

Colombian man condemned to 18 months of jail time for an online comment

In an unprecedented ruling, Gonzalo Lopez was sentenced to 18 months imprisonment and a fine of 9.5 million pesos (approximately $5000 USD) for making a comment in the online edition of the local newspaper El Pais Cali. The comment went something like this:

“With such a rat like Escalante, even Club Colombia and Comfenalco fired her for misconduct… What can you expect? A thief catching thieves? Bah!”

He was referring to Gloria Lucia Escalante, former Administrative and Human Resources manager of the local utility company. Escalante then sued the anonymous commenter for libel, but the municipal court did not concede her point since there was no way to identify the anonymous commenter. Yet Escalante later provided electronic tracking evidence that pointed to Gonzalo Lopez, plus some other testimonies. Cali’s High Court ruled against the defendant.

The law states that:

Article 220. Libel. The other person that makes dishonorable accusations shall be liable to imprisonment of one (1) to three (3) years and a fine of ten (10) to one thousand (1,000) minimum monthly wages.

Other cases due to online comments

The online publication Pulzo (in Spanish) does a good recap of recent cases around the world in which people were arrested for online comments with different levels of severity. Many have been for direct threats, but more than one has been for “distasteful” opinions. The most recent example of this happened in the UK when a teacher was stabbed to death by a student. Twenty-one-year-old Jake Newsome posted on his Facebook page:

“Personally I’m glad that teacher got stabbed up, feel sorry for the kid… he shoulda pissed on her too”. He got six weeks of prison time.

This is going even further than the Lopez case, given that there was no libel and no physical threat whatsoever; the police arrested and charged Newsome under the 2003 Communications Act with having sent “by means of a public electronic communications network a message or other matter that is grossly offensive or of an indecent, obscene or menacing nature”. Various human rights and free speech organizations, including Index on Censorship, have voiced their concerns over these types of arrests based on outdated laws. Yet at what point does offensive become “grossly offensive” is entirely subjective. Maybe it had to do with the fact that it got shared 2000 times.

The Streissand Effect

The “Streisand effect” is the phenomenon whereby an attempt to hide, remove, or censor a piece of juicy information has the unintended consequence of publicizing it more. The term was coined after what happened when Barbara Streisand sued a tabloid for libel. We can only wonder how much of a Streisand effect the Lopez comment had once he had been sued for it. Escalante is now known at a national level for sending a man to jail for calling her a thief on a news site comments section.

Colombia’s Supreme Court rejected Lopez’s appeal; they sought to set precedent with the case, stating that even though it was a comment, it had extensive reach in social media at “very high levels”, injuring the image and reputation of the plaintiff. Yet of course, it reached those levels because of the suit itself. Lopez originally argued that the comment had only been read and acknowledged by Escalante, but after a prolonged legal battle, the comment became well known throughout the web and traditional media.

Is it right to jail someone for commenting on a news site or a social media site?

There are various issues to consider. First is whether a comment can be considered an accusation, or by default, an opinion. If this ruling had happened earlier in the year, quite a few politicians could have been put in jail for the amount of libellous tweets made during the June presidential election.

Another point is the legitimacy and enforceability of libel law in informal, commenting online spaces. It seems unrealistic to apply the same level of severity from traditional media to the individual comment. What is particularly interesting though, is that in Colombia, libel is considered a criminal and not a civil offense. Giving a year and a half of jail time for such a thing is likely to bring strong repercussions from civil society and freedom of speech activists. If he had said: “my opinion is that she mismanaged money” instead of calling her a thief, would the suit have been dismissed?

We can also not disregard the “tracking” that was done by a private lawyer and not law enforcement to find out his identity. That is an entirely separate Pandora’s box.

In conclusion, if Lopez had said this comment in a bar and someone called the police, they would have disregarded it and told them to go away. There must be some debate in regards to what makes a comment worthy of prosecution. Should libel, harassment, threats, false alarms and disrespectful comments be placed in the same echelon? It is also unrealistic to expect the general public to be as versed on the subject as the lawyers hired by newspapers.

Some could make a case that arrests of people who pirated music did not dissuade the great majority of people from continuing to do so, therefore this could have no effect whatsoever on free speech in Colombia. It does nonetheless bring into discussion the magnitude of the penalty for those who end up prosecuted. Online participation in forums and comments on traditional media sites are already unusually low in the country, and particularly filled with offensiveness and personal attacks. But now, instead of going through the hassle of trying to technically make their comment an “opinion”, Colombians may abstain from commenting at all.

Los robots que remplazan periodistas

Ken Schwencke se despertó el 17 de Marzo a las 6:25 al sentir un temblor. Schwencke, a quien conozco desde nuestros días de estudiantes de periodismo en la Universidad de la Florida, trabaja para el periódico “Los Angeles Times”. Al prender el computador se encontró con el artículo ya escrito: sólo tuvo que hacer click y publicarlo.

Quakebot, creado en el LA Times, es un programa de software que contiene un algoritmo conectado al U.S. Geological Survey. Se activa con temblores de más de cierto impacto. Quakebot está programado para extraer la información necesaria del reporte del USGS e introducirla en un artículo pre-escrito.

El perpetuo miedo de las máquinas apoderándose de trabajos tradicionalmente humanos ha permeado la ciencia ficción casi tanto como los aliens. Sólo hay que pensar en Minority Report, o en The Matrix. En el libro de Jaron Lanier, “Who owns the future?”(A quién pertenece el futuro?) el futurólogo nos explica como al igual que la revolución industrial acabó con muchos trabajos de fabricación y agricultura, la revolución digital acabará no solo con trabajos tradicionales, sino que los automatizará. Larnier dice que solo hay algunas “sirenas” que serán los pocos con todo el poder (ejemplo Google y Facebook) mientras el resto de las personas se quedan sin empleo, obsoletos. Distopía de ciencia ficción absoluta.

Lo estamos empezando a ver ya con los trabajos creativos. La primera industria afectada fue la de la música y el entretenimiento; las casas disqueras como tal, los agentes, etc. se ven rápidamente remplazados por Napster, los DJs amenazados por los algoritmos de Pandora y Spotify, los editores remplazados por Google news, las casas editoriales por Amazon. Pero a decir verdad, hasta ese punto se seguía recolectando datos de usuarios para hacer recomendaciones.  Ya leí que los abogados también están cerca de poder ser reemplazados.

En el caso de los periodistas, el papel de ser los primeros en proveer información,  la “chiva”, ha mutado drásticamente en los pasados veinte años. Ya nadie se entera de algo por medio de un periódico. El rol del periodista pasa de ser reportero a analista, de anunciante a interpretador. En esta entrevista, el profesor Noam Lemelshtrich Latar, del Sammy Ofer School of Communications en Herzliya, Israel, discute como los robots se van a ir apoderando de la parte mas “fácil” de las noticias, y esto logrará que existan “muchos menos periodistas, pero también serán mejores.” Los robots y algoritmos tienen la habilidad de procesar información a altas velocidades, encontrar correlaciones, y encontrar patrones e información a un nivel mucho más alto que los periodistas tradicionales. Esto, según el, mejorará  drásticamente el nivel de periodismo. Pero, el mismo admite, es mucho más barato tener un robot que pagarle a un buen reportero.

Vean la entrevista con del profesor con Wharton:

 

 

 

Geografías del Internet: Por qué los colombianos no contribuimos a Wikipedia?

Hay un desbalance de información. Eso nunca ha sido noticias. Con las mas grandes e importantes universidades situadas en Estados Unidos o Europa, la realidad es que el conocimiento se había concentrado, hasta finales del siglo 20, en donde hubiese quien publicara.

Hoy en día, se va igualando el terreno. Pero como mi profesor en Oxford Mark Graham notó, la inequidad de contribución a la mas importante recopilación de información de este siglo, viene desproporcionadamente de países desarrollados.

Mapa por: Information Geographies del Oxford Internet Institute

Mapa por: Information Geographies del Oxford Internet Institute

Si miramos este mapa hecho por el en pueden verse desigualdades extremas. Por ejemplo, hay muchos mas artículos en Wikipedia sobre Antártica (7,800 hasta la fecha del estudio) que sobre cualquier país en África o Suramérica. En este mapa de la distribución de origen de artículos en Wikipedia, Colombia ni siquiera aparece! No se ve.

No encontrarse en línea es este momento, casi como no encontrase. La información ya no esta en los salones de clase, o en libros: el mundo de los mapas y enciclopedias, como los juegos Olímpicos o el mundial de FIFA, daba representación y oportunidad justa a todos los países y continentes. Pero mientras los jóvenes continúen utilizando Wikipedia como primera referencia para casi todo, sea trabajo o juego, el tener una huella digital semi-existente vuelve en eso el país: semi-existente.

Es importante notar el desbalance, para intentar corregir el hecho. Todo el mundo sabe sobre algo, y no es necesario tener un alto nivel de educación para contribuir sobre temas históricos, sociales o hasta turísticos sobre el país. El conocimiento colectivo es eso, conocimiento popular.  Hay una cultura de contribución que existe en muchos otros países, y me pregunto de que sirve tener una alta penetración de Internet en Colombia si nadie por fuera puede ver que existimos.

Aqui esta la metodologia  del estudio:  El muestreo se hace con Geotagging.